Cuando el viajero visita por primera vez la ciudad del Cusco, y levanta la vista, y observa, a lo lejos, el límpido azul algodonado del firmamento, ya no tiene ninguna duda: la gran aventura de hoy, es seguir los pasos de los moradores del antiguo imperio cusqueño.
¿Por qué invertir tres o cuatro días de caminata sobre escarpados
senderos para llegar a la milenaria ciudadela de
Machu Picchu,
si existe una línea férrea que puede trasladarlo, cómodamente, en
tan sólo seis horas? La respuesta sólo la puede dar la propia experiencia.
El despliegue físico que significa "escalar" el camino, entregarse a las resbaladizas bajadas que tiran de las rodillas, sumergirse en las noches intensas que enmarcan el fulgor de las estrellas, y dialogar con el silbido del frío viento de las alturas, resultan al final del trayecto, el precio justo por una de las experiencias más extraordinarias del mundo.
Para abordar de mejor manera el
Camino Inca hacia
la misteriosa ciudadela de Machu Picchu, nada mejor que una grata
aclimatación en el centro de la ciudad del Cusco. Una
caminata hacia Sacsayhuamán,
y un recorrido por las múltiples Pachas o fuentes e iglesias de
la urbe no está demás.
Un día antes del tour, el viajero recibe la información y las recomendaciones
necesarias para iniciar la travesía: horarios de la caminata, campamentos,
regulaciones del Parque Ecológico
Machu Picchu
(es una Reserva Natural Protegida por el Estado), equipo, material
básico como ropa, alimentos, seguridad, botiquín, porteadores, transporte,
y datos de interés turístico. A lo largo del recorrido, y como un
adelanto de lo que significará el maravilloso encuentro con la portentosa
ciudadela, el visitante conocerá una serie de monumentos arqueológicos
que testimonian la grandeza del Imperio de los Incas.
En una cultura que no conoció la rueda ni los metales duros, estas edificaciones increíbles se hallan en las alturas más inhóspitas, y aparentemente, lo más lejos posible de los yacimientos de los materiales de construcción, generalmente, trozos de granito que podían llegar a alcanzar las dimensiones de un tractor.